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Sr., si Sr. Robot!

Siempre polémico, Stephen Hawking ahora advierte sobre su sospecha que la inteligencia artificial desarrollándose a la velocidad actual puede ser un riesgo para la humanidad.

Hace un tiempo que sigo los anuncios sobre este tema y los últimos avances publicados (a los que tenemos accesos los mortales comunes) son muy intrigantes, sorprendentes y hasta escalofriantes.

Basta pegar una mirada a algunos proyectos de Boston Dynamics -que ahora es parte de la gran G- y preguntarnos ¿que les impide configurar un “if X go to kill”? ¿su slogan “Don’t be Evil”?

Hace unos días se rumorea sobre un ataque informático que sufrió la empresa Sony (filtraron sus ultimas películas) y se culpa a un dictador asiático que no estaba contento como se lo caracterizaba en las mismas.

Sería bueno que nos pongamos un poco más alertas y no compremos armas ni provisiones, sino que todos comencemos a aprender programación.

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Topofobia

Def. Miedo irracional y enfermizo a ciertos lugares y situaciones

… por ejemplo a esas oficinas a las que hay que concurrir para pagar un impuesto -en el mejor de los casos-, o realizar un trámite incomprensible para nuestras mentes.

En el listado de fobias no encontré una específica, pero creo que esta puede más o menos encajarse en el sentimiento que seguramente compartimos varios.

Quizás con la intención de mostrarnos que todo puede ser peor Jan Banning creó hace ya algún tiempo un proyecto fotográfico donde capturó a burócratas de todo el mundo en sus espacios de trabajo. Este proyecto tiene varios años, pero volver a verlo un rato antes de ir a realizar ese trámite impostergable, porque ya vence o venció o porque la burocracia así lo impone, puede darnos un poco más de coraje.

Bureaucracy_India  17 Prasad_

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Cabezas de pan de pancho

Terminaba de charlar con un “cuasi” filósofo -adjetivo cuasi como si para ser filósofo hiciera falta alguna validación, título o certificado… no creo que Platón tenga algún diploma colgado- que postulaba que:

“los menores de 30 son una generación sin rebeldía”

Estamos acostumbrándonos a escuchar sobre la generación de los “nini”, sobre la “generación Y” que crece bajo protecciones sociales y un mar sin mareas, lejos de los inspiradores y revolucionarios 60′, 70′, 80′ o la parte más temprana de los noventa.

¿No serán los zombies de las películas, que caminan en masa sin ningún objetivo?. Masas sin líderes alimentadas gracias a que las nuevas tecnologías nos proveen de productos que consumen sin leer las etiquetas y generan desviaciones químicas con consecuencias de las que poco se habla quizás porque las grandes corporaciones tapan cualquier cosa. (si! pensemos en grandes conspiraciones, si la historia nos avala)

Terminó la charla y en el recorrido hasta el lugar donde me senté a escribir esta liviana reflexión me cruce con un vehículo que transportaba una carga y 2 personas de esa generación actuaban de “sogas”. Una burla a los 12 mil años de evolución.

Se me vino a la mente el libro recientemente publicado “Cerebro de pan” del Dr. David Perlmutter.

Hay muchas señales como para que entremos en pánico, pero muy lejos de eso, todavía no nos llega el mensaje… estamos dentro de la olla de la fábula del sapo:

Dicen que si se echa un sapo en una olla de agua hirviendo, por reflejo, el animal contrae los músculos ni bien toca el líquido y salta afuera.

Sin embargo, si uno pone el sapo en la olla con agua fría, y luego prende el fuego, el líquido se va calentando y cuando comienza a quemar el sapo está adormecido, y perdió la capacidad de reacción… Muere quemado

Creo que tendríamos que ponernos mucho más alertas porque quizás estamos más complicados de lo que pensamos.

“Ahora ya es tarde, están golpeando a mi puerta”

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Linux no es para nenas lloronas

Soy lo que se podría considerar un usuario “avanzado” de sistemas operativos. Vengo de la pantalla negra con letras verdes, que luego se hicieron de color “ambar” para pasar finalmente a ser “blancas”.

Conozco lo que es un .bat, como se hace y para que sirve (o servía en su momento).

Me sorprendí cuando en una feria vi por primera vez sistema operativo gráfico y pagué a un amigo para que me consiga una copia pirata en “disquetes”. (si, lo admito, soy un delincuente del copyright)

Ese sistema era la versión 3.x del famoso Microsoft Windows (creo que hoy no necesita presentación) y me había impactado su wallpaper “chess”
CHESS

Entiendan que no era común ver cosas en 3D, en una pantalla donde el poder de procesamiento apenas permitia unos generosos 16 colores para los bolsillos abultados que podían llegar a comprar un sistema con estas caracteristicas. Los otros mortales debíamos conformarnos con una tarjeta Hércules
(el agresivo precio de esta tarjeta eran $ 500 dols, saquen cuenta que se compran con ese dinero hoy)

Esta introducción la escribo para que entiendan que puedo hablar con conocimiento de causa. No nací viendo interfaces en 3D, millones de colores y procesos gigantescos que se resuelven en milésimas de segundo. Estoy acostumbrado a que a veces las cosas no funcionen, funcionen a media y tarden en procesarse. Esto quizás me da una ventaja sobre las generaciones actuales mal acostumbradas a la fragilidad digital que les regalan las nuevas tecnologías y que cuando algo no funciona bien quedan paralizados, frustrados o simplemente estallan en llanto.

Te mando un pdf en 3 partes porque la computadora me lo graba con ese peso (3 páginas, 150 megas, un PDF para lectura en pantalla, WTF!!!). Gente que nunca tuvo que meter un libro en un disquete de 3,5 con una capacidad de 1,44 MB (SI, había que mandar a la imprenta un libro en un disquete, no es una leyenda urbana)

En estos últimos meses tuve que instalar decenas de veces distintas distribuciones de Linux para un proyecto que estamos realizando en la Universidad donde trabajo y volví a pensar en los tiempos donde los SO no eran para nenas chillonas.

Gracias a muchos esfuerzos de las comunidades de desarrolladores de Software Libre, grupos, fundaciones y hasta empresas comerciales como Canonical Ltd. o RedHat Inc. la experiencia en Linux mejoró considerablemente. Como dirían los de Ubuntu, ahora podemos hablar de un sistema operativo para “humanos” (poniendo una vara de normalidad solo superada por los geeks y nerds que pasan al rango de androides antropomorfos)

De todas maneras, aún con estas excelentes mejoras, puedo asegurar que Linux no es para cualquiera. Ampliando un poco puedo decir que el Software Libre no es para cualquiera. Es para aquellos que tengan un verdadero interés por tener el control sobre lo que instalan en sus equipos, sobre lo que manejan, sobre lo que personalizan. Para aquellos que tengan un espíritu explorador. Para los que estén convencidos que la opción “facil” no es una opción, es simplemente la puerta que otro te abre para que pases sin preguntar a donde.

Para los que creen que hay vida y sabores más allá de las hamburguesas de cadena, y que todavía podemos plantar y comer algo que no se venda procesado dentro de un paquete con una bonita etiqueta.

Los demás pueden seguir creyendo en las publicidades, el mkt y que el mundo dentro de la matrix es hermoso.

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La mística

¿Qué es la mística? , me quede pesando cuando leía a un amigo comentar una experiencia laboral con una incipiente “bandita del orto” (como podríamos definirla sin ponernos políticamente incorrectos). Una bandita más pero con exigencias de megasuperestrellas.
El punto era la exigencia de ciertos requisitos técnicos demasiado pretenciosos para lo que era la banda y para lo que era el lugar donde tocarían.
Caprichos de estrellas, cuando todavía no transitaron el camino suficiente para llegar a un asteroide. Pero estamos en una época donde cualquiera se encandila con los publicitados éxitos de reallity donde ya no hace falta sudar, sangrar, romperse, sino pegar “3 sí” de algún jurado notable y ya sos “like a Rolling Stone”.
La mística creo que estaba en la serie Fama, no la educlorada Glee, la mística estaba en Ronnie James Dio y no en un Justin Bieber que cancela un show porque le “duele la panza”.

Vivir sin mística nos aleja de lo divino; necesitamos recobrarla.

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Equivocarse

Equivocarme es quizás una de las acciones más recurrentes que realicé a lo largo de mi vida. Me consuela el dicho “quien se equivoca es el que hace”, aunque mucho mejor sería no equivocarse y que todas las cosas salgan bien.
Una de mis últimas erratas fue la adopción compulsiva de un can.
Obviamente crecí con el latiguillo de “el mejor amigo del hombre”, viendo a Lassie -en la TV blanco y negro-, leyendo las aventuras de Rin tin tin, sorprendiéndome con el dato de Laika que aún nos orbita todavía como fiel compañera espacial.
Miles de años de simbiosis no pueden estar equivocados. Un mamífero inferior puede ser de gran compañía para una familia tipo del 2000, y seguramente jugará con los niños en el verde prado …
No me percaté que los perros -como el amor y la belleza- están sobrevaluados, no razoné que Lassie, Benji y el conmovedor Hachikō son productos de la ficción, de guiones cuidados para generar emoción y de un cine que nos vende fantasía, como esas mujeres de las propagandas, esas vidas soñadas y llenas de naturaleza de vaqueros fumadores de Marlboro y de esas delicias “mejores que las naturales” de los fabricantes de jugos químicos.
Despertad! es todo una fachada, una plan estratégicamente pensado para que la maquinaria del consumo se ponga en funcionamiento y se vendan las toneladas de alimentos balanceados (¡que porquería!), los shampoos antipulgas y garrapatas, las pipetas y los 101 mil productos para nuestras hermosas, dulces y tiernas mascotas que corren en “la pradera” junto a nuestros niños que visten Mimmo&Co y no se manchan nunca con el paso.
Pero ¿que pasa en la realidad? Girá un poco la cabeza y pensá que todo es fantasía, una construcción, un relato…
El tiro puede salir por la culata, el perro puede ser un ente diabólico que ingresa en tu vida solo con la intención de empeorarla. Esta es una opción, nuevamente reflejada en el cine (Marley y yo), pero con el guión de fórmula que distorsiona la verdad y la muestra siempre con un final feliz.
En mi caso nunca tuve tanta certeza de que me había equivocado nuevamente, que la trampa ya estaba cerrada, esa cosa ya estaba en casa y era incontrolable.

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Lo que nos atormento por varios meses fue una posesión diabólica de algún ser oscuro que vino del inframundo reencarnado en un ser inferior esperando poder pasar en algún momento el portal que lo lleve a una nueva reencarnación que -y espero que no sea pronto- logre elevarlo a un plano superior.
Fueron meses sombríos, extraños, tensos. De luchas con las creencias kármicas evitando manchar el mismo con una decisión impulsiva. Meses donde lo verde se convertía en marrón, las plantas se secaban, las flores se marchitaban y los niños no corrían por la pradera.
Pero los dichos vuelven a consolarme: “no hay mal que dure 100 años”, “siempre que llovió, paró” y varios de finales.
Hoy puedo decir sin duda que “mientras más conozco a los perros, más quiero a mi conejo”.